Pensamiento. María Valle

Escrito el 09/03/2021
Tomás Simón Canal


Desde aquel día en que conocí a un joven que me ilusionó con su fuerza, con sus palabras, con sus ideas hasta hoy ha llovido mucho. Corría el año 2006 y aunque mis inquietudes se habían movido por diversos derroteros, la política no me había llamado la atención hasta ese momento.

Y desde ese instante en que me impliqué hasta hoy puedo hacer un compendio de centenares de momentos mágicos con compañeros; de esfuerzo, trabajo, risas, complicidades y también  lágrimas. Hubo momentos tan difíciles que alguna vez llegué a pensar que aquel partido tan distinto a los demás por su frescura, por su entusiasmo, por la ilusión que generaba no seguiría adelante. Pero, teníamos un líder, una persona que, entonces, y digo solo entonces, supo con la ayuda de otros compañeros que tuvieron un papel fundamental en el trazado de la estrategia, reconducir  aquel proyecto y hacerlo crecer hasta importantes logros.

Durante estos quince años, a pesar de todos los obstáculos, nunca tuve la sensación descorazonadora que arrastro desde hace tiempo, y en especial desde los últimos resultados electorales. Una sensación de tristeza como muchos de nosotros, que vamos viendo, impotentes, como se toman decisiones que van mermando interior y exteriormente la credibilidad y la ilusión de muchos afiliados y simpatizantes que han dejado de lado tantos momentos de su vida para dedicarlos a esforzarse y hacer realidad la posibilidad de hacer política de una forma diferente.

Porque quienes asumen los más altos cargos tienen también las más altas responsabilidades, en lo bueno y en lo malo. Eso es así. Y por tanto no es permisible actuar utilizando la técnica del avestruz, escondiendo la cabeza y esperando que el mal tiempo amaine. Como tampoco lo es que haya personas incorporadas en los buenos tiempos que se permitan el lujo de acusar a quienes estuvimos en los momentos complicados del inicio en un proyecto que nació y creció gracias también a ese sacrificio. No cabe esa ruindad porque ahora son tiempos donde se va a demostrar grandeza o mezquindad, generosidad o egoísmo, inteligencia o fatuidad, madurez o infantilismo. Y será al enfrentarnos al espejo de la realidad y en esas reacciones de quienes nos dirigen donde veremos si de verdad importa lo que hoy está en juego, que es nada menos que los valores de la democracia, la estabilidad institucional y la igualdad.

 

En estos últimos días lo estamos comprobando con los disturbios en distintas zonas de nuestro país. El motivo: que un ciudadano, en este caso Pablo Hásel, debe cumplir una sentencia. Y esos hechos son graves en un Estado democrático y de derecho porque lo que los ciudadanos tienen que tener claro es que las sentencias se deben cumplir y eso es tarea de quienes nos gobiernan, que nos deben trasladar que las leyes y las sentencias deben cumplirse. Cosa diferente, que se debe debatir donde corresponde, es que determinados hechos sean o no delictivos o que se hayan de ajustar las penas de los delitos.

En Cataluña y en el resto de España nos estamos jugando valores que son pilares fundamentales en ese espacio político liberal progresista, social, mesurado y racional que siempre ha caracterizado a Ciudadanos. Y por esa necesidad de supervivencia de un proyecto esencial para la sociedad es por lo que, una vez se ha comprobado que en varias ocasiones, una detrás de otra, la lectura de los resultados es que el proyecto no solo no va creciendo sino que cada vez merma más, es por lo que hay que adoptar grandes remedios, porque los males son muy grandes.

Muchas reflexiones he tenido, pero hace unos días leí en redes unas líneas de un concejal del Ayuntamiento de Lleida que con humildad se dirigió a los votantes y a quienes un día nos dieron su confianza para pedirles perdón, perdón por las ilusiones truncadas, por la soberbia mostrada, por haber roto los sueños de miles de ciudadanos y sobre todo perdón de parte de quienes no lo han pedido”. Con este gesto ha asumido una responsabilidad que le ennoblece y me entristece mucho ver como, por el contrario, quienes tienen responsabilidades más altas ni tan siquiera hacen amago de rectificación de errores.

Y ante eso es necesario reaccionar, porque esto no va de una, dos o diez personas directores de orquesta. Esto es mucho más. Esto va de la necesidad de tener una alternativa al bipartidismo, de hacer frente a opciones políticas que son populismos extremos, de frenar abusos del poder, de defender sin complejos derechos y libertades que nos hacen a todos iguales, de hacer frente al nacionalismo y de no retroceder en derechos y libertades.

Ante esas necesidades los personalismos dejan de tener importancia, y el primero de los cambios tiene que venir dado por una disculpa.

Por eso acabo con estas palabras dedicadas a un compañero que ha demostrado ser grande: gracias José Maria Córdoba, por haber sido la voz honesta, humilde y originaria de ese Ciudadanos que muchos anhelamos que vuelva, gracias por haber tenido la valentía de decirles a quienes se desilusionaron, se marcharon y dejaron de confiar en nosotros: Perdón.